Espejo negro… ¿redes sociales o socialmente enredados?

¿Se acuerdan de los hermanos Winklevoss? Aquellos gemelos que no sólo compitieron en la disciplina olímpica de remo varonil en pareja en Beijing 2008, sino también, fueron los co-fundadores de HarvardConnection, red social que posteriormente se convirtió en lo que hoy conocemos como Facebook.

Pues me pregunto: ¿Qué tan contentos estarán los Winklevoss en este momento? Probablemente por un lado felices, no sólo por sus recientes éxitos en BitCoin, sino también por el comienzo el día de hoy de los Juegos Olímpicos de Rio 2016 (o mejor dicho, los “Juegos de la ciudad Carioca” o cualquier otro nombre que ustedes le quieran poner por aquello de que el COI dice conservar el derecho exclusivo sobre el término oficial antes referido).

Por otro lado, quizás los Winklevoss siguen un poco molestos con M. Zuckerberg,  sobre todo si consideramos la noticia de hace apenas unos cuantos días en la que se anunció que los ingresos de Facebook en el segundo trimestre de este 2016 aumentaron alrededor de un 59%. Lo que equivale a 6,440 mdd, contra los 4,040 mdd del mismo periodo del año anterior.  Es decir, ahora se estima que la compañía con el logo de la “f” vale aproximadamente 350 billones de dólares. ¡Por lo que sinceramente, no sé si fue bueno el arreglo de los 65 mdd que recibieron los gemelos en aquel entonces!

Y es que el origen de esta historia, así como de todas las historias relacionadas con redes sociales, comienza a formarse en 1962 cuando se crea el ArpaNet, antecesor de lo que en 1991 se denomina “World Wide Web”, mejor conocido como Internet. De esta manera, la herramienta que nació para interconectar redes de computadoras se ha convertido hoy también en una forma de interconectar formas de vida.

Hasta hace todavía poco tiempo era común hablar del boom de internet, de cómo cambió y ha seguido cambiando al mundo entero en prácticamente todo lo que hacemos. Ahora, siendo insuficiente el internet “per se”, lo que está definiendo a la sociedad en el mundo digital son las redes sociales.

Nada de esto resulta extraño considerando que en el  año 2000 existían aproximadamente poco más de 350,000 millones de usuarios de internet, y a la fecha (16 años después),  se estima que el número de usuarios es de poco más de 3.5 billones.

Así es, vivimos en una sociedad adicta a éstas nuevas plataformas tecnológicas, en donde prácticamente todo se refiere a: Whatsapp, Facebook, Twitter, Uber, Waze, Spotify, Youtube, Netflix, Instagram,  Pinterest, Amazon, Snapchat, así como a un sinfín de apps que sirven para cualquier propósito y/o tipo de necesidad, tanto profesional como personal.


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Todas estas referencias mostradas en la gráfica parecen normales considerando que de los más de 7 billones de personas que existen en el mundo, un estimado de 3.7 billones tienen un dispositivo móvil, y por ejemplo, sólo 3.5 billones tienen un cepillo de dientes.

Igualmente, pareciera esto natural si tomamos en cuenta que la artista Katy Perry tiene más de 89 millones de seguidores en Twitter.  Es decir, 14 millones más de los que tiene el Presidente de los EUA, Barack Obama.

En fin, podríamos seguir con estos ejemplos que parecieran ser hoy interesantes, pero estoy seguro que mañana serán una estadística más, sin ninguna reflexión en lo absoluto.

¿Qué tienen en común todas estas redes sociales? Básicamente que todas ellas, de alguna u otra forma conectan, comunican, enlazan a la sociedad, esto es justamente su propósito principal.

Pero ¿la forma en que estamos interactuando ha cruzado ya la línea?

¡En el caso de Pókemon GO esto es evidente!
*Así se publican ya avisos en algunas casas en los EUA:
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Pero no se requiere exagerar tanto para sensibilizar hasta dónde han llegado las redes sociales. Pensemos lo que le pasó a Barbra Streisand, cuando en el 2003 demandó al sitio pictopia.com y al fotógrafo Kenneth Adelman a fin de que se removieran fotos aéreas de su mansión en dicho sitio.

¡La reclamación fue por 50 millones de dólares, pero todo salió contraproducente para la actriz y cantante cuando al siguiente mes que se conoció la noticia que había demandado las visitas del sitio aumentaron a más de 420,000! Más tarde, se le nombró a dicho efecto en las redes sociales como el “Streisand Effect”.

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Por ende, antes de que las repercusiones en las redes sean incontenibles hay que preguntarse: ¿Qué conviene hacer?

Aunque no siempre resulta negativo emprender acciones legales cuando de uso no autorizado se trata. El fotógrafo Daniel Morel, presenció el terremoto de su natal Haití en 2010 y tomó una fotografía que después subió a su cuenta de Twitter. Tanto la agencia Getty Images como la agencia francesa AFP comercializaron dicha fotografía a diversos medios.  Morel argumentó debidamente que el publicar la fotografía en Twitter no le daba el derecho a dichas agencias – en base al “Copyright Act” – a comercializarla sin su autorización y el pago correspondiente. El caso se resolvió a favor del fotógrafo haitiano, que recibió la suma de 1.2 millones de dólares y que sirvió como uno de los más importantes precedentes ante la Corte de los Estados Unidos para dejar en claro que no se puede comercializar con los contenidos accesibles en redes sociales.

En fin, más allá de TODAS las consideraciones positivas que nos dejan las redes sociales, también hay que ponderar los efectos negativos. Y es que ya no es solamente un tema de defender a “rajatabla” los derechos de acceso a la información, libertad de expresión y datos personales, o bien por otro lado, el brutal atropello a los derechos de propiedad intelectual, la necesidad de establecer una balanza y reglas congruentes por lo que refiere a cuestiones de comercio electrónico, competencia económica y/o telecomunicaciones. Peor aún, resolver las interminables demandas entre fabricantes de softwares y patentes en la industria.  Para todo esto ya somos varios los que estamos y seguiremos trabajando. Incluso, recientemente hasta se acaba de formar una asociación denominada “International Social Media Association”, que tiene como fin primordial armonizar, legislar y trabajar en políticas que a escala global protejan los derechos de las empresas y las personas en plataformas digitales.

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Pero insisto, ahora no es solamente esto.

Estamos a punto de entrar a la discusión del tema en base a la más profunda y elemental dignidad que debe de existir en cualquier sociedad. Porque lo MÁS importante de todo esto es luchar para que nuestra sociedad siga estando conectada, comunicada y enlazada en el mundo real, NO en lo virtual.

Hace poco empecé a ver “BlackMirror”, serie de televisión inglesa en donde se hace una crítica –  perturbadora, cruda y fría – a la sociedad tecnológica en la que vivimos. Sinceramente no sé si recomendarla o no; pero lo que sí sé es que nuestra sociedad va que vuela en convertirse en lo que ahí, en el “espejo negro”, se refleja.

 


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